Son dÃas extraños los que corren. Para los apasionados por la NFL (aquà escribe uno de ellos), la semana posterior a las Finales de Conferencia suele dejar un sabor agridulce. Emociones motivantes, como la excitación y anticipación por el último partido de la temporada, se ven entremezcladas con la certeza (y cierta angustia que dicha certeza provoca) de que después del Superbowl nos espera un largo perÃodo de hibernación.
En otra época -de menos bullicio-, lo habitual serÃa empezar a palpitar el duelo entre New England Patriots y Seattle Seahawks, protagonistas de la sexagésima edición de The Big Game. Sin embargo, en 2026 la verdad es que todavÃa estamos lejos de ponernos a ponderar tácticas y estrategias. No se preocupen: la semana que viene habrá tiempo y espacio de sobra para discutir si Christian Gonzalez deberÃa seguir a Jaxon Smith-Njigba en defensa hombre a hombre o si deberÃan doblarle la marca con un profundo y un linebacker.
Mientras tanto, nuestro estimado editor (Alex Thierry, shout-out más que merecido) sugirió escribir unas lÃneas acerca de las sensaciones que han dejado esta campaña. Considero muy apropiado hablar en pasado porque -y esta es la triste realidad mis amigos- la temporada en si ya terminó.
Por supuesto que falta lo más importante: coronar un campeón y ver a Bad Bunny cantar "NuevaYol" y "por la mañana café por la tarde ron" (lamentablemente, la segunda no creo que pase el filtro, pero… qué pedazo de barra).
Toda la parafernalia que rodea el Superbowl es quizá el principal atractivo que tiene la NFL para cultivar nuevos fans. Las publicidades repletas de famosos, el espectáculo del entretiempo, las apuestas comiquÃsimas como el color de bebida energizante que se echará sobre el entrenador del equipo ganador, etc. Por todas las razones mencionadas es que, precisamente, separo al Superbowl de lo que conocemos como la temporada ´normal´.

Domingo tras domingo. Ese dÃa sagrado. El sillón, RedZone, comida y amigos. Los jueves por la noche y los lunes por la noche, grandes alternativas para repetir. Partidos especiales en Thanksgiving, Navidad y Black Friday. Partidos internacionales (cada vez más, por suerte!!!). Playoffs. Tres semanas de frenesÃ. De seis partidos, repartidos entre sábado, domingo y lunes, pasamos a cuatro en el Mejor Fin De Semana Del Año (la Ronda Divisional) y finalmente a dos, este pasado domingo en el denominado Championship Sunday.
De todo eso se trata la temporada ´normal´ de la NFL. Todo encuadrado en el marco de una liga que cautiva como ninguna. Que, incluso en una temporada extraña, en donde no han surgido equipos ni figuras descollantes, sigue rompiendo récords de audiencias nacionales e internacionales.
Esta campaña terminó de demostrar (si es que hacÃa falta) que la NFL no necesita a Patrick Mahomes ni a los Chiefs para subsistir. Como tampoco necesitó de Tom Brady en su momento. Los aportes de ambos han sido (y continúan siendo) enormes, pero la NFL es cada vez más grande porque marida perfectamente tradición e innovación.
El deporte que arrebató los corazones de los estadounidenses allá por las décadas del ´70 y ´80 (desplazando al béisbol como él deporte predilecto en algún momento entre los ´80 y los '90) ha crecido hasta convertirse en una pasión inescapable dentro de Estados Unidos.

Ya lo dijo el mismÃsimo Robert Kraft, dueño de los Patriots y un hombre fundamental en el crecimiento de la liga en este siglo: "no tenemos demasiado margen para seguir expandiéndonos dentro de nuestro paÃs". Tiene razón: si 95 de las 100 emisiones televisivas más vistas en 2025 son partidos de la National Football League… no hay mucho más que hacer.
Allà es donde viene la segunda parte. Hace algunos años (yo dirÃa que la fundación de este sitio web podrÃa servir de punto de partida) que la NFL mira más hacia afuera que hacia dentro. Con la tradición asegurada dentro de USA, la innovación ha llegado a partir de una expansión global del deporte.
En lo personal, resulta gratificante ver cada vez más personas interesadas por la NFL, ya sea en redes sociales o incluso en la vida cotidiana. Debo decir, con mucho placer, que he disfrutado enormemente de esta temporada. Me he juntado con amigos. He respondido sus preguntas (sus MÚLTIPLES preguntas). He tenido mis momentos en solitario, para repasar una jugada u observar un partido con mayor detalle. He relatado un puñado de partidos en el inicio de la temporada, algo que jamás imaginé y espero poder volver a realizar algún dÃa. He visto partidos en vivo, pero sobre todo he visto partidos en horarios absurdos, casi siempre sin saber los resultados para poder emocionarme como si lo estuviera viendo en vivo. En resumen: la he pasado muy pero muy bien.

¿Y ahora? Bueno, la temporada ´normal´ habrá finalizado, pero todavÃa quedan 60 minutos más de football por jugar. TodavÃa queda una chance más para juntarse con sus amigos, pensar qué se pide para comer y qué bebidas lleva cada uno.
Claro, casi sobre el final recordé otro concepto esencial que popularizó el Super Bowl: la "watch party". Anfitriones que hospitalariamente reciben a sus invitados, decoran sus hogares y proveen de un espacio para la risa, la charla y quizá un pequeño vistazo a la televisión para ver alguna que otra jugada (salvo en el entretiempo: ahà reina el silencio, por supuesto).
Hace ya tres años que mis amigos Pablo e Inés organizan la mejor "watch party" de Buenos Aires. Hace un par de años, en alguno de los varios Super Bowls a los que llegaron los Chiefs, otra amiga (Clari) trajo friendship bracelets (brazaletes de amistad) como los que se confeccionan en los recitales de Taylor Swift. Les aseguro que la experiencia Guayra es tope de gama.
Esta vez, me toca perderme su fiesta. Tengo una muy buena excusa: este fin de semana armo las valijas y el lunes viajo a San Francisco para cubrir mi primer Superbowl. Ay, mi madre!





